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Meter la pata

 

Que levante la mano aquel de nosotros que no halla metido la pata alguna vez en su vida. ¿Nadie? Por allí veo alguno que levanta la mano, quizás quiera decirnos algo.Meter la pata, equivocarse, errar el tiro, pasarse tres pueblos, quedarse corto, no llegar. A todos nos pasa y ciertamente produce frustración. Ante nuestra derrota la pata nos mira a los ojos con cara de entender nada y nos contesta con un cuack, cuack… yo pasaba por aquí.

Y no hay que lamentarse, y menos en esta época en la que tenemos casi todo unas veces y otras vemos que no tenemos casi nada. Nos consolamos con un video de un gran ponente que es grande porque en youtube tiene millares de seguidores, y no escuchamos a nuestros padres, tíos o mayores. Nos llevan cierta ventaja en experiencia y tienen mucho más en común con nosotros que el gurú taciturno en su poltrona de Harvard, Stanford o la Complutense de Almuñécar, me da igual.

Si tus abuelos no hubieran metido la pata, seguramente tu vida sería muy distinta a la que ahora disfrutas. Serías más feliz o quizás más desgraciado, o no existirías a lo sumo. Pero son las decisiones, esas encrucijadas sin señalizar, las que forjan nuestro futuro y por descontando el de los nuestros. Si metemos la pata, como poco nuestra pareja, hombre o mujer, hijos y padres se van a ver afectados. Y no es cuestión de sacudirse las heridas y levantarse fortalecido como intentan vendernos ahora. Se trata que la sangre de nuestras heridas no afecte mucho a los nuestros.

De nosotros depende que vean a una persona humillada, frustrada o herida, o alguien que aprende la lección de sus decisiones. Por suerte no hay comodines ni joker, ni cartas para arrojar la culpabilidad a otros, o al menos hacerlo más llevadero.

Meter la pata, es reconocer un error para recordarlo y no volver a cometerlo. El error no nos va a convertir en superhéroes ni mucho menos en sabios, solamente el dolor del pescozón nos va a recordar lo que duele equivocarse. Pero el camino de la vida sigue y no es cuestión de regodearse en lamentos ni enseñar al mundo cuál fue nuestro traspiés. Lo que a nosotros nos hace daño, a otros les causa indiferencia.

Por lo tanto, ante los errores tomar nota y recoger la caña y los aparejos. Hay más camino, más ríos y veredas en los que probar suerte. Esto a veces va muy rápido, y es más prudente dejar a la pata en su estanque, que perder un solo día más contemplándola.

Felices meteduras de pata, ya que sin ellas no encontraras los dorados huevos de oca. Todos los éxitos del mundo tienen sus “patas” detrás, recuérdalo.

Meter la pata
Todos los logros, todos los éxitos, tienen muchas “patas” tras su camino.

Rubén García Codosero

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