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La máquina número 13

A veces miramos el futuro con unos ojos expectantes de ilusión. Nos imaginamos que llegaremos muy lejos y seremos muy importantes. Que no hay nada que nos detenga ni nadie que nos pare. Que si no hay railes, nosotros construiremos los caminos, los túneles y los puentes. Pero poco a poco la vida nos va colocando en nuestro sitio a base de malas experiencias. Y un buen día sin avisar, nos damos cuenta que lo que nos depare el futuro ojalá sea lo mismo que ahora; cierta estabilidad y con algún atisbo de mejora. Supongo que cuando tengamos la suficiente edad, el futuro sea el día al día al que le damos la mano por las mañanas.

Puede que al final quede en nuestro bolsillo, un poco de grano por plantar. Me niego a creer que así son las cosas y que así tendrá que ser. Que tristeza entonces nuestra existencia en la que toda la vida está ya predestinada por el lugar de nuestro nacimiento. De tarde en tarde salen héroes, genios, o personas fuera de serie que destacan de la mayoría y hacen que ocurran cosas. Y nosotros no nos identificamos con ellos, no les hacemos iguales, para nosotros son diferentes. Pues bien, ellos eran como nosotros, vagones arrastrados por la locomotora de nuestro destino, aceptando cada día las paradas descritas por un jefe de estación robotizado.

No debemos olvidar que llevamos en nuestro bolsillo la semilla del cambio, el querer es poder, el haber nacido es tener en nuestra baraja todas las cartas. Al igual que al genio, al sabio o al puramente loco, lamentarse es de débiles, y débil es aquel que se deja arrastrar por otras locomotoras que no sean uno mismo.

La vida es precaria si la damos licencia. Una simple tortilla de patata con el enfoque adecuado, no tiene nada que envidiar a las cenas de palacio. Y nuestro mediocre trabajo no es más que un ejemplo de los que nos queda para toda la vida por no seguir adelante. O estar en desempleo y no salir al mundo a ganarse la vida, no solo es estar en furgón de cola, es estar en el desguace. Quizás parezcan palabras vanas y vacías, de relleno de telediario o prensa. Pero si estás en el paro muévete no te pares, y si estás trabajando a disgusto, trabaja duro por salir de allí.

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Para terminar, adjunto en este articulo la foto de una vieja máquina de vapor que no se ha rendido. Una maquina cuyos ojos de ventanilla contemplan un pasado, un presente y un futuro. Sabe porque lo ha vivido, que la vida cambia en un santiamén, cuando menos te lo esperes. Ella no teme al olvido y se siente fuerte y preparada para la acción. Sabe que un buen día tirará del tren de la fresa, o que quizás el sol achicharre nuestra tecnología. Y cuando eso ocurra, se recurrirá a su fiabilidad y experiencia. Serán otros tiempos, otros futuros, pero no se lamenta, por muy vacía y aséptica esté su caldera de vapor.

Sigamos cosechando, es la mejor manera de hacer grande nuestro futuro. Y las prisas y desesperanzas arrojarlas por la ventanilla, hay exceso de equipaje que no viene a cuenta pagar un sobrecargo por tan inútil cargamento.

Rubén García Codosero

Written by Rubén García Codosero

Escritor y programador o viceversa.

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