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Los malos nunca ganan, no te rindas

Los malos nunca ganan

Me comentaba una vez una rata disfrazada de oveja que “todos tenemos problemas”. Si bien es cierto que hay veces que esos problemas que todos tenemos se hacen gigantes. Y por más molinos que partamos, por más cubos de agua arrojemos de nuestra cubierta; la vida se nos hace cuesta abajo. Y con ello el ancla engorda y tensa la gruesa cadena que escucha a las sirenas en las oscuras profundidades.

No te rindasEs en esos momentos, cuando la cuerda que nos asiste despeluchada en hebras amenaza con rendirse. En ese momento en el que la rata que ha mordisqueado nuestra línea de flotación, esa que se regodea con la última hebra y la olisquea como si fuera a roer el último suspiro que nos mantiene en pie. Es en ese momento cuando debemos tensar el músculo, gastar el último aliento en doblar el brazo para atrapar a la rata y con un abrir y cerrar de ojos, verse con el cuello quebrado mientras cae al vacío.

No te rindas ni aún vencido

Ciertamente es que todos pasamos, o pasaremos situaciones muy difíciles en las que la cuerda harta de tanta tensión, decida que es hora de rendirse. Es en esos momentos de incertidumbre, en esas ocasiones en que el vacío de un precipicio se nos antoja una salida, Es cuando debemos de recordar nuestra mirada, nuestra razón de ser y que por muchas lanzas que lleve nuestra cerviz, dar un coletazo como aquella Moby Dick que se negaba a aceptar su destino. Por el mero hecho de estar vivos, tenemos todo el derecho a hundir al barco que nos arponea un día sí y otro también.

Y por hundir me refiero claramente a hundir sus intenciones. A quemar con la brea de nuestra razón y sufrimiento sus velas de flor de lis serigrafiada en un Cobo Calleja. Puede parecer que los malos siempre se salen con la suya. Especialmente en estos tiempos donde todo vale, desde pegar palizas a menores en colegios, a soltar violadores o ladrones de guante blanco. Pues bien me dirijo a tu respeto, al respeto a ti mismo que te mereces, al respeto que a ti mismo te inculcas. Y si no lo haces, soy yo el que toca el cuerno de aviso, el del faro o el de la torre de Hércules si lo prefieres.

Un toque de atención, no te mereces el mal que otros te procesen, ni su zancadilla con olor a azufre, ni su estrechez de mano cancerígena de odio. Eres brillante, enorme y hermoso/a y ellos lo saben. De ahí sus lazos, su látigos, sus trampas para oso, sus malditas cartas marcadas.

No te rindas, ya que esa es tu victoria. Piénsate y siéntete bravo/a para que un día muy lejano en tu tumba resplandezcan tus letras, de quién fuiste, lo que hiciste y los que te amaron. Para los malos… esos nichos de cemento del barato.

 

Written by Rubén García Codosero

Escritor y programador o viceversa.

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