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El licántropo sostenible

Lo que se dice sostenible.

Últimamente todo es sostenible. Desde un puente sobre el Guadalquivir, a la santa paciencia de los madrileños con su ciudad. Sostenible, una palabra desempolvada de un diccionario Larousse, para ser aplicada como rezan las instrucciones del amoniaco “Agítese muy fuerte”.

Seguramente el que lo rescató del olvido de nuestras mentes, pasaba largo tiempo buceando en viejas enciclopedias. Prefiero pensar eso, aunque me temo que la ligereza con la que nació el término “sostenible” venía en un artículo periodístico, algo arrugado, que hacía de “sostenible” para un bocadillo con solera de gallinejas (dejémoslo ahí).

Y de la noche a la mañana, para decir nada o lo que es lo mismo para adornar vocablos, consonantes, pretéritos imperfectos y hasta si me lo permite el verbo TO BE. La palabra sostenible ha venido para ocuparlo todo. Si algo es bueno, es “sostenible”, si un político quiere adornar su discurso, se calza con calzador de plata un sostenible por allí y otro por allá y queda fetén. Si te quitan el vehículo privado sin preguntar por tu libertad, de tu necesidad, de donde vives y a donde vas, para endosarte una bicicleta con la palabra sostenible. Si te sacan un impuesto sostenible, pues lo pagas que es sostenible sobre todo para tu economía.

Si talas un árbol con un hacha sostenible es menos malo, si te compras un móvil sostenible eres una gran persona. ¿Pero nadie ha leído a esa RAE que para algo está más que para poner acentos?

sostenible

Pues bien sostenible es:

  1. adj. Que se puede sostener. Opinión, situación sostenible.
  2. adj. Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. Desarrollo, economía sostenible.

Luego entendiendo esto, en Madrid no hay baches sostenibles, ni porquería por las calles sostenibles, ni manteros, ni mendicidad organizada sostenible, ni coches oficiales sostenibles, ni manifestaciones sostenibles, ni tala masiva de árboles sostenibles, ni bicicletas con baterías de ion litio sostenible, ni generadores de electricidad sostenibles, ni Valdemingómez sostenibles, ni sueldos políticos sostenibles. Y un largo etc.

Los españoles es lo que tenemos, cogemos palabras que “suenan” moderno y la aplicamos al día a día y nos quedamos tan frescos. Miedo me da el día que la palabra Albricias pase a nuestro día , pues a partir de ese día todos seremos felices, muy felices.

Written by Rubén García Codosero

Escritor y programador o viceversa.

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